Con paso lento el silencio se viste de adiós
y en el impulso que lleva al desencuentro
se dejan dibujar en trazos multicolores:
la mirada que brilla ocultando la lágrima,
el abrazo que le da la bienvenida a la despedida,
la cascada de palabras sin decir;
la muda sinfonía de latidos compartidos,
las manos que se enlazan por siempre y para nunca,
y el verso del aroma que no fue.