jueves, 30 de marzo de 2023

Última


Última es una palabra de cristal. Preciosa. Tiene la cualidad de dibujar un hilo, o una valla que define y marca un hasta aquí. Por otro lado también tiene alas y nos deja recordar aquello que sucedió recientemente.

Nos olvidamos de ella con frecuencia hasta que la vida nos hace un alto y la siembra en el corazón. Nos hace recordar que todo momento es el último. No hay certeza más grande que la incertidumbre de la próxima vez. 

Acumulamos últimas veces a cada instante. No siempre nos percatamos de ello. El corre y corre, el apego o la desatención nos distrae y dejamos que se escurra entre los dedos su maravillosa capacidad de ser irrepetible. 


sepc 30-marzo-2023

domingo, 25 de diciembre de 2022

El regalo de Navidad

Este año, el regalo no estaba escrito en la carta a Santa Claus, ni al del Niño Jesús.  La vida se encargó de decidir y se adelantó unos días con el virus de la pandemia: Covid en la versión de temporada y con algún nombre indescifrable. Y como a caballo regalado no le miras el diente, aquí vamos por el día nueve, acompañada por este inesperado obsequio.


Nunca antes, las palabras: un día a la vez, han sido mantra y tabla de salvación. Hoy, hoy sin mirar atrás, hoy sin mirar a mañana.  Ocuparse del momento y atenderlo sin distracción. 


Privilegiada en tantos sentidos, muchos más de uno. Casa, comida, medicina y de la mano del médico, neumólogo increíble y cuñado sin par. Una hermana, alma gemela, que sabe sacar las castañas del fuego sonriendo, un hermano que con aparente tranquilidad toma las riendas, y otros dos que aguardan al llamado. Y un papá atento y que no pierde su alma de médico y con ello sus tranquilizadoras palabras.


El círculo de apoyo no termina allí: están los otros familiares y los amigos, esos eslabones que hacen la cadena fuerte y poderosa.  El mensaje oportuno, la palabra adecuada, la comida sorpresa, el detalle, ese aspecto que hace la diferencia junto con el abrazo a la distancia, constante y presente. 


Sí, una Navidad diferente y no por ello para olvidar la o dejarla atrás. Todo lo contrario, una Navidad que hace honor a su nombre: nacimiento. Nacer cada día al despertar y agradecer la vida 💛.  Gracias, gracias, gracias. 







martes, 9 de agosto de 2022

El otro lado de la Feria de Jocotenango

La tradición pesa. Más de 245 años no se acarrean solos. El colorido, el retorno al viejo lugar de la venta, los juegos mecánicos y sus tornillos desgastados, la venta de dulces, los churros, los elotes, la lotería con granos de maíz avejentados, el tiro al blanco con la mirilla dudosa y así cada lugar con su bullicio particular. Unas cuadras atrás queda el  templo de la Parroquia de la Asunción. A muchos ya se les olvidó que a Ella la venían a visitar, ahora todo es el jolgorio de la feria.

Las calles del barrio del Mapa en Relieve y el oasis del Bosque de Hormigo desaparecen entre estructuras de hierro, ventas y juegos y el alarido constante: «¡Parqueo, parqueo! ¡Le cuido su carro Don!». Para estas almas dedicadas al oficio de cuidar carros, cualquier lugar en la calle es motivo de negocio. No importa si es cerca de la esquina o frente a los portones de garajes. Como si fueran los dueños dicen: «No se preocupe, allí no sale nadie. No hay nadie.» Y así se mantienen, vociferando a todas hora. Y como si el negocio de alquilar espacio ajeno no fuera suficiente, aprovechan a distribuir de la hierba que da risa para los que quieran levantar el ánimo. Emprendedores les dirían algunos.

Para los vecinos del barrio en donde viene a residir casi tres semana la feria es un dolor de cabeza. Las instalaciones inician una semana antes, fabrican andamios, bloquean el paso y empiezan a merodear los comerciantes buscando su sitio donde pondrán su negocio. Los diez días de celebración las casas quedan dentro del área y se vuelve una pesadilla. Adiós a la privacidad, la paz de las calles y los tragantes limpios. Postes y otros lugares, hasta las puertas convertidas en sanitarios, tiendas y demás en bares hasta altas horas de la noche y los amigos de lo ajeno se apuntan para formar parte de este jolgorio. Para ellos los días de feria, son días de oportunidad. No digamos si hay una emergencia, el acceso para ambulancias y personal de socorro es complicado y a veces improbable. Se hace un embudo de tránsito impresionante.

Hubo un tiempo, hace cientos de años que esta área era el lugar propicio para actividades como esta. Había suficiente espacio abierto, eran campos y una gran esplanada para compartir, y claro la visitaban cientos o miles no millones. Hoy el área de la Simeón Cañas y sus alrededores forman parte de un barrio residencial. Los comerciantes vienen a vivir a la feria. Allí donde trabajan se quedan a dormir y pasan todo el día. ¿Qué puede ser sano de todo esto? No hay duchas, comparten las pocas baterías de sanitarios con los visitantes y por si fuera poco, están a merced de las lluvias de agosto que nunca faltan en esos días.

La Feria de Jocotenango requiere de una plaza digna. Una plaza con iluminación, acceso, estacionamiento, agua, sanitarios higiénicos y el espacio suficiente para los comerciantes y visitantes.  Todas las área adyacentes sufren con la llegada de la feria. Las casas vecinas se quedan atrapadas entre todos los automóviles que bloquean las calles, las salidas y aprovechan a utilizar las puertas para dejar su recuerdito.

La Ciudad de Guatemala requiere una plaza de feria permanente que permita albergar estas actividades, especialmente la feria de la ciudad, esta ciudad de tantos millones de habitantes. ¿Por qué no tener un espacio amplio, seguro, con servicios para visitantes  y comerciantes? Todos saldrían beneficiados. Los comerciantes podrían tener mejores y más ingresos. Y la ciudad de Guatemala ofrecería un lugar adecuado para las ferias de todo el año, todos ganan.  

sábado, 7 de agosto de 2021

Como un día

 

 


Atletismo:

1.         Erick Barrondo (marcha 50 Km.)

2.         José Barrondo (marcha 20 Km.) 

3.         José Calel (marcha 20 Km.)

4.         José Ortiz (marcha 20 Km.) 

5.         Luis Ángel Sánchez (marcha 50 Km.) 

6.         Luis Grijalva (5 mil metros planos)

7.         Mayra Herrera (marcha 20Km)

8.         Mirna Ortiz (marcha 20 Km.) 

9.         Uriel Barrondo (marcha 50 Km.) 

Bádminton:

10.       Kevin Cordón (singles)

11.       Nikté Sotomayor (singles)

Ciclismo:

12.       Manuel Rodas (ciclismo de ruta)

Judo:

13.       José Ramos (60 kilogramos)

 

 

Levantamiento de pesas

14.       Scarleth Ucelo

Natación:

15.       Gabriela Santis (200 metros libre)

16.       Luis Carlos Martínez (100 metros mariposa)

Navegación a vela:

17.       Isabella Maegli (laser radial)

18.       Juan Ignacio Maegli (laser estándar)

Pentatlón moderno:

19.       Charles Fernández

Remo:

20.       Jenniffer Zúñiga (par peso ligero)

21.       Yulissa López

Tiro con armas de caza:

22.       Adriana Ruano (foso olímpico)

23.       Juan Ramón Schaeffer (skeet)

24.       Waleska Soto (foso olímpico)

 

Nuestro corazón rebasa gratitud por los veinticuatro deportistas, mujeres y hombres  guatemaltecos de corazón  que aceptaron el desafío y llegaron a los Juegos Olímpicos Tokio 2020 a regalarnos su mejor lado, su lado de luz. Atrás dejaron las sombras,  medios y angustias y se atrevieron a desafiar no solo a sus competidores y a una pandemia, también a ellos mismos.

En estos días de absoluto desorden, desequilibrio y una Guatemala triste en medio del ataque de un virus desenfrenado, todos y cada uno de ustedes nos alumbraron con el sol de su esfuerzo, dedicación y disciplina. Y sí, es breve la palabra gracias; pero encierra una fiesta infinita en el alma.

Cierto, buscaban una medalla, esa era una de las metas. La realidad es que buscaban superarse a ustedes, superar la capacidad de su cuerpo, mente y espíritu. Cada uno sabrá colgarse esa distinción de mérito y triunfo. Nosotros ya lo hicimos. Les brindamos el galardón de agradecimiento y excelencia y de otorgarnos dos semanas de alegría y emoción constante. Ver a cada uno de ustedes competir  fue ver a esa Guatemala posible, esa Guatemala que puede triunfar y alcanzar cimas y que sabe que siempre hay otra cima más que escalar con valentía  perseverancia y amor.

Son veinticuatro, igual a las horas que tenemos todos en cada amanecer. Y así como agradecemos veinticuatro veces por cada una de esas horas al final del día, hoy les decimos: veinticuatro veces, muchas,  muchas gracias y ¡hasta la próxima!  

 

Silvia E. Pérez Cruz

Guatemala  7 de agosto  2021